La Técnica de danza de Doris Humphrey

FILOSOFIA Y TEORÍA DEL MOVIMIENTO

Nietzsche (1844-1900) fue el catalizador que le dio a Doris Humphrey el amplio esquema filosófico para todas sus investigaciones preliminares sobre el movimiento natural que la llevaron a desarrollar su propia técnica de danza. El filósofo alemán fue el estímulo creativo para las ideas aún no formuladas, pero ya presentes en Doris.

 

El análisis de Nietzsche de la cultura griega precristiana, que encontramos en su libro The birth of tragedy (1872), dio origen a los conceptos de apolíneo y dionisíaco, dos términos que tomó de los dioses Apolo y Dionisio. En la mitología griega, Apolo es el dios del sol y la luz; simboliza la libertad de las emociones más violentas y representa una calma llena de sabiduría. Domina el mundo de la fantasía, de la música, del canto y las artes visuales. Dionisio es el dios del vino, de la fertilidad, del éxtasis y del drama. Libera sus impulsos de todos los frenos inhibidores empujándose hacia la aventura y el peligro.

 

Apolíneo y dionisiaco representan en el hombre dos impulsos en conflicto, pero estrechamente relacionados entre sí. El primero sublima las fuerzas oscuras permitiendo alcanzar la perfección y la estabilidad, mientras que con el segundo se llega a experimentar el éxtasis del abandono, celebrada también durante los Misterios Dionisíacos, los más populares entre los cultos mistéricos griegos.

 

Estos dos elementos convalidan la filosofía de Humphrey sobre las propiedades pulsantes del ritmo, creando un terreno fértil para desarrollar el concepto del arco entre dos muertes, compuesto por los movimientos de fall and recovery (caída y recuperación), acciones fundamentales en torno a las cuales se construye toda la técnica. Son la sustancia pura del movimiento, el flujo constante que circula en cada cuerpo viviente, el elemento central de la acción de cada bailarín.

 

Más allá de los estados apolíneo y dionisiaco, que delimitan los extremos del arco entre dos muertes, según Doris hay dos tipos de muerte en el movimiento: la muerte estática o equilibrio constante y la muerte dinámica, que se encuentra en un movimiento muy empujado, irrecuperable, demasiado alejado del equilibrio. Pensando en el desenfreno dionisiaco como un estado excesivo de movimiento fuera de equilibrio, nos encontramos con el peligro inminente de una muerte dinámica. Al interpretar la serenidad apolínea como la seguridad de un equilibrio simétrico, encontramos la perfección fin en sí misma de la muerte estática. Identificando la oscilación rítmica de la materia orgánica como el arco vital entre estas dos muertes, obtenemos el principio de Fall and Recovery.

 

Inicialmente, Doris volvió al cuerpo y su inclinación por el movimiento, tratando de separarlo de todo tipo de reacciones emocionales. ¿Cómo se comporta un cuerpo abandonado a sí mismo? ¿Qué pasa cuando se mueve? ¿Qué actitud tiene al equilibrio? ¿Cómo se mueve para mantenerlo? Lo primero que descubrió fue que el movimiento instantáneo y natural del cuerpo es un movimiento de caída. De hecho, estando de pie sin tratar de controlar el movimiento, comenzaríamos a caer hacia adelante, o más probablemente hacia atrás, debido a la menor posibilidad de sostenernos.

 

Humphrey se dio cuenta de la importante influencia que las leyes físicas tienen sobre la naturaleza y los seres humanos. A sus ojos era evidente que el cuerpo era la prueba de la capacidad del hombre de sobrevivir a la gravedad, a veces su amiga, a veces su enemiga. Al crear su técnica de danza, no solo aceptó la coexistencia del ser humano con la gravedad, sino que construyó toda la estructura en base a ella. Sin embargo, pronto reconoció que las implicaciones emocionales estaban fuertemente conectadas con el movimiento. Ella misma respondió instintivamente con gran fuerza al excitante peligro de la caída y con serenidad a la paz de la recuperación. Su filosofía de movimiento, entrelazada a la filosofía de Nietzsche, pasó así a contener un profundo significado psicológico.

 

El arco entre dos muertes comprende y describe atentamente todo lo que sucede durante la acción natural de movimiento del ser humano y del universo. Incluye la intersección de exploración física y respuesta psicológica, representando así, los diversos grados de intensidad que Doris definió como calidad de movimiento.

 

La estructura de la técnica de Humphrey se aleja de la danza clásica y se inspira en acciones cotidianas y fundamentales, que forman parte del movimiento natural de un cuerpo. En primer lugar, la respiración, de la que hablaremos en el próximo artículo, que se experimenta con el fin de dar vida a los movimientos y guiar al bailarín a escuchar su propio ritmo natural. Además de la respiración, entre las múltiples acciones que Doris identifica y en torno a las cuales articula su técnica, encontramos:

 

Caída (Fall) – El cuerpo comienza a caer desde el punto estático de equilibrio balanceado, primero lentamente y luego con velocidad creciente mientras sucumbe al empuje gravitacional. La dirección de la caída puede ser hacia delante, hacia atrás, en espiral o hacia los lados. Durante el proceso de caída la exhalación ocurre gradualmente.

 

Recuperación (Recovery) – Una vez que la caída ha llevado nuestro cuerpo lejos de su punto de equilibrio, en dirección de un impacto contra el suelo, entra en juego un mecanismo de autoprotección y se realiza un movimiento inverso, en el que el cuerpo recupera su equilibrio adquiriendo nueva energía. Durante la fase de recuperación se inhala gradualmente, de modo que se pueda utilizar la inhalación durante toda la duración del movimiento.

 

Rebote (Rebound) – En lugar de recuperarnos gradualmente, podemos rechazar el suelo con la misma fuerza con la que la gravedad nos atrae hacia él, como si fuéramos una pelota que rebota hacia arriba o hacia afuera (en el caso de una pared). El movimiento de un cuerpo que rebota es rápido y desacelera mientras que continúa. La inhalación ocurre de forma brusca para conseguir que el cuerpo recupere inmediatamente el equilibrio, aliviando el esfuerzo.

 

Suspensión (Suspension) – En este punto la recuperación del cuerpo entra en la fase de suspensión, momento de transición en el que, antes de volver a un equilibrio controlado, se sostiene momentáneamente en vilo, en un precario equilibrio dinámico. En términos físicos, mientras las extremidades del cuerpo luchan una en oposición a la otra, el movimiento llega a un punto en el que ya no existe ninguna oscilación. En términos de experiencia de danza, el cuerpo se equilibra triunfalmente en el aire después de haber recuperado con éxito, del peligro de caer. En esta fase, se continúa a inhalar lentamente hasta el culmen de la suspensión para luego exhalar gradualmente, cuando el cuerpo empieza su movimiento de caída.

 

Estar de pie – El cuerpo erecto encuentra su centro para que cada parte esté alineada en una posición de equilibrio. Quieto, pero con la posibilidad de moverse en cualquier momento, resiste las fuerzas que quisieran descomponerlo. En la danza es necesario que la simetría al estar de pie no sea sin vida, sino llena de posibilidades de liberar grandes reservas de energía, de lo contrario uno podría encontrarse con la inmovilidad de la muerte estática. Apolíneo en su equilibrio perfecto, el estar de pie sirve como punto de origen para una caída dionisiaca y es una manera de decir simplemente Yo Soy, afirmando la propia existencia.

 

Desplazamiento del peso corporal – Tan pronto como comenzamos a movernos desde una posición estática y erguida, inevitablemente sucede que transferimos nuestro peso a un pie o al otro. La coordinación muscular durante esta acción debería ser automática para facilitar el movimiento, pero cuando ésta falta, todos los movimientos de desplazamiento y empuje se realizan con dificultad. En la técnica de Humphrey, la sensación de desplazamiento del peso del cuerpo es una experiencia vívida y real. Aunque el cuerpo sea atraído magnéticamente hacia abajo, contrasta el suelo con un sentido decidido y consciente de su relación con la tierra. Esta acción se convierte en una afirmación física y emocional. Doris escribe: «El bailarín moderno debe establecer su relación humana con la gravedad y la realidad».

 

Caminar – Representa perfectamente la dinámica del movimiento que oscila dentro del arco entre dos muertes. Al caminar, la primera acción es una caída, la siguiente es la de frenar el peso que cae y luego empujarlo hacia el siguiente paso, la tercera es la continuación de estas dos acciones. Los brazos oscilan en oposición a las piernas, no solo para evitar que la figura en movimiento se caiga, sino también para dirigir suavemente la progresión del cuerpo a través del espacio. La sucesión del movimiento de desplazamiento ocurre a partir del empuje del pie a través de los pequeños músculos de la planta y de los dedos.

 

Durante la caminata podemos reconocer una exploración del movimiento como una experiencia fisiológica y psicológica. El impulso detrás de la acción es el deseo de moverse en una dirección particular. La motivación, por lo tanto, es la clave para sentir el caminar como un potencial movimiento de danza.

 

Por último, al igual que en la respiración, encontramos diferentes recursos rítmicos. Una caminata sincopada es característica de la excitación; el medio tiempo confiere gravedad y nobleza; la discontinuidad del paso suele añadir un toque de comedia o grotesco; el aumento del tiempo de marcha, de moderadamente lento a rápido, reaviva el movimiento y cambia la atmósfera.

 

Correr – Es una exageración de la acción de caminar, una intensificación de su propósito principal: alcanzar un punto predeterminado en el espacio. También puede representar de forma más sencilla solo una explosión de energía, que no lleva al corredor a ningún lugar en particular. Al correr, el cuerpo se inclina naturalmente hacia adelante y parece vencer a la fuerza de la gravedad, en cuanto utiliza su propio peso para avanzar de manera eficiente, en lugar de sucumbir a él. En la técnica, los brazos se mantienen libres a los lados, para poder avanzar con mayor velocidad y control; la oscilación natural opuesta de los brazos, de hecho, obstaculizaría considerablemente la acción.

 

En cuanto a experiencia de danza, correr se convierte en una expresión modificada sujeta a las limitaciones de la sala o del espacio escénico, pero no por ello menos intensa. Desde el punto de vista compositivo, esta compresión equivale a la distorsión, que en coreografía es la manera de intensificar y clarificar el efecto de lo que se quiere expresar. La distorsión es un elemento compositivo importante en la técnica de Humphrey.

 

La vivacidad natural del correr se puede enfatizar con cambios de velocidad que llevan el cuerpo fuera de su progresión regular, con movimientos de caída que interrumpen rítmicamente la tranquilidad uniforme de su avance. Puede tener lugar una serie de variaciones cuando las restricciones espaciales dictan un cambio de dirección o una cadencia irregular de la progresión en el espacio.

 

Saltar – Expresión extrema de un cuerpo en movimiento. El salto recoge toda la energía del organismo en un intento de resistir en el aire a la gravedad. Mediante el impulso, que se obtiene mientras estamos parados o corriendo, podemos dar un giro o asumir diversas posiciones en el aire. Aunque la batalla contra la gravedad sea explosiva, el aterrizaje debe ser suave. La acción en su conjunto debería estar marcada rítmicamente porque, dentro de un ejercicio o coreografía, el cuerpo debe poder avanzar con facilidad al siguiente movimiento.

En el salto, durante la acción del plié, la flexión de caderas y rodillas se hace mayor y las piernas actúan como un resorte. Al lanzar el cuerpo hacia arriba, la inhalación es difícil, pero da vida al movimiento y a las posiciones de mantener en el aire. Durante la fase de caída del salto se empieza a exhalar y en cuanto el cuerpo toca el suelo hay dos posibilidades para continuar la acción: se puede rebotar con la misma energía para recuperar o no rebotar en absoluto. En este último caso, la acción de caída es seguida por una ulterior caída al suelo; la energía fluye directamente en la caída completa y el peso del cuerpo se redistribuye en todas las partes del cuerpo.

 

El salto es un signo de exclamación, un grito de todo el cuerpo. Saltar es como escribir en el aire.

 

Humphrey no solo descifra los secretos detrás del movimiento, sino que, además nos deja toda su investigación como herencia. Gracias al sucesor de Doris, José Limón y a la Limón Dance Company, su filosofía y principios han continuado y siguen ser transmitidos de generación en generación.

Escrito por Matteo Mascolo.

Estas informaciones preciosas, que se replantearon en una breve síntesis, se sacaron de un libro italiano que os aconsejo sinceramente que leáis para profundizar el tema.

Traducciones: texto traducido al inglés por Bianca Pasquinelli y al español por Matteo Mascolo.

Fuente: Ernestine Stodelle, La tecnica di danza di Doris Humphrey e il suo potenziale creativo. Prólogo y apéndices de Sandra Fuciarelli, Bologna, Massimiliano Piretti, [2012] 2015.